sábado, 17 de enero de 2009

Rumbo al paraiso


Al paraíso
no se va en bicicleta.

Hace falta
cuando menos
un buen lote de oraciones
creencias y parabienes.

Esta hipoteca
hacia la eternidad
no se consigue fácilmente,
hay que esforzarse en modelos
triturados y sazonados
hasta la saciedad más exigente
por los siglos de los siglos.

Estáticos semblantes
ensayados durante
generaciones de devotos
ausentes de todo
excepto de la famélica idea
de la prematura salvación.

Fe brotando
como manantial sereno
en medio de los infieles.
Cruzadas sin compasión
en medio de la mirada sencilla
de los transeúntes de la vida.
Muertos esperanzados
campestres y bucólicos
en un cielo sin tormentas.

Un paraíso grande,
padre que recoge sabiamente
ovejas descarriadas
y diezmos apresurados
de último momento.

También se ven
si miras con disimulo
grandes entierros
de pompa y gran festín.

Al que profetizan sin cansancio
vendrá un día y dirá
que el inmenso grosor de un pelo
separan el cielo y el infierno
y que los dos están aquí
dentro de nosotros mismos
en el latir de una gota de agua.

Si te montas
en el suspiro del viento
es suficiente para llegar
al borde laminar del cielo.

Sólo
hay que mantener
el equilibrio.