domingo, 18 de enero de 2009

La tarde
en su letanía de luz
arrasaba con todo.

Con la indecible traición
de uno mismo
permanente y fugitiva.
Con la sombra de otros
cuarteada y longeva
proyección hacia la nada.

Incluso
el fotograma del tiempo
desarbolado náufrago
descompuesto en esencia
moría en terrible agonía
ante las barbas de piedra
del presente imperturbable.

La noche
desconocida
nos reconocerá siempre.