sábado, 25 de septiembre de 2010

Escrito en tierra

El poema
desciende con esperanza
en los anillos de uno mismo.

Busca conchas prohibidas
en las playas abandonadas
de la carne en tránsito,
y en todos aquellos suicidios diarios
-transeúntes de los depósitos del olvido-
encuentra la posesión sedentaria del sexo.

Se aniquilan cabalmente
las hormonas surgidas al paso
y los ancianos
- domadores de la tristeza
en el vientre de las serpientes -
han llenado la tarde
de ironía y silencio
en el último concurso
de la melancolía.

Hay un vértigo engendrado
entre restos de palabras
y galeones de cuerpos expuestos
en el látigo de los poemarios industriales.

La geometría de los latifundios
nada ha entendido
ahora que los perros
orinan somnolientos
en el friso de la mañana.