viernes, 25 de septiembre de 2009

Retracción impasible

He podido ver
en el mar arrugado
de las blancas sábanas al amanecer
los signos inequívocos
de la batalla más tenaz.
La de los cuerpos desnudos
en el aliento articulado
del amor invertebrado.

Como cascarones embrujados
en una mar de infiernos encontrados
se buscaban y lamían en la oscuridad.
Subía y bajaban
los rumbos más exquisitos
y entraban el uno en el otro
con la complicidad manifiesta
del loco explorador.

Estos artefactos advertidos
de semejante ejecución,
láminas de carne
en la soledad de tal designio
en el tránsito acelerado
del insolente cuadro en cueros
a la invisible sombra,
nunca tuvieron – digámoslo ya -
más lenguas labios y tactos.

Atravesaron
en una retracción impasible
el inconsciente frío del basalto.