miércoles, 23 de junio de 2010

Retorno a los patios del silencio

Nosotros
los hombre y mujeres
que tenemos la costumbre
de salir de nuestros armados cuerpos
en lenguas de palabras

Y escribir en los muros
de los fusilados
algunas cuartetas de odio
o anotar
en el club de los locos
algún ingenio imposible

Nosotros no estamos
en parte alguna.
Más bien todo está en nosotros.

Y el fermento más puro
de los tractos vaginales
y el himno de los gallos
en las ensenadas del deseo
no conocen todavía
el perfume sulfuroso
del miedo más desnudo.
Saben muy poco
de la guerra bien calculada
en las despensas de los ricos
y de los animales mal pagados
que suben lucidos y pesados
con sus hierros y botines
por los desagües de la destrucción

Me han contado
de comisarios y policías
en la linea invisible de la culpa
en el fondo vigilado del perseguido
en la fosa sin umbral del inocente

Todo ha sido un trajín
de banderas elegidas
y viudas en las cenizas del sueño
y niños en la negación de la sonrisa.
Solo la pobreza mutilada
se extiende en estos relámpagos
inmóviles en toda forma.

La memoria ha sido habitada
por la sustancia de lo creíble
y los abismos más obscenos
han llamado a las puertas corporales
de los gobernantes menos transparentes.

Los espejos industriales del asombro
y los labios suicidas de la mentira
van llegando al tiempo
ahora que no hay permiso
de poner nombre a los difuntos.