sábado, 6 de agosto de 2011

Raramente, la verdad

Estoy convencido
de que el hombre
raramente dice la verdad

Como una herida
cauterizada y olvidada
debajo de la piel
la vida deambula ciega
por los pasillos triunfantes
de sus sueños iluminados
y piensa siempre equivocadamente
que la oscuridad es algo lejano

Constantemente
hay carátulas y espejismos
en el tráfico permanente
del tráfico de la vida

El hombre
desnudo y ridículo
en su aproximación a la muerte
queda lejos.

Las batallas se repiten
y los triunfos lucen los destellos
de la velocidad de la mentira

Sólo los poetas
anfibios descoloridos
en los acuarios de la rutina
quedamos al margen
de todo esto