jueves, 18 de septiembre de 2014

Canto en el desierto

Cruzo el desierto
de cierta madurez
y me siento hostil a mi mismo
como si no fuera yo
y hubiera traicionado al espantapájaros
de juventud y tiempo amontonado

Me hubiera gustado llegar a tanto
y de todo eso que parecía fácil y en la mano
sólo me queda una sonrisa sin dientes
en los salones iluminados de la pasividad.

Las camas de los hospitales son un canto
lugares arrojados a la ratonera suicida de la vida
tránsito impecable del círculo de la memoria
hacia los mares giratorios de otros mundos.

No vamos a ninguna parte.
Permanecemos en la pecera multicolor
y sólo cambia la habitación convencida
de tener un dios en alguna parte.

Ritos y signos
ya no me interesan
y permanezco impasible en la sed
de una gran desconocimiento.

Ya no me reconozco.