martes, 16 de febrero de 2010

Vacío inexplicable

Dios
es un vacío inexplicable.

Pero más allá de su desdicha
de su imagen trastocada,
hay un deseo de llenarlo todo
desde aquel vacío mencionado
al calendario cuadriculado y esquelético
de todo tiempo presumido.

Como los amantes en su nido de alambre
los niños y sus juegos vivos
o los sueños colgados cada mañana
de algún molesto despertador
todo es un deseo, un sueño
la potencia presunción de ser algo
el empuje leve de un viento invisible,
todo ello algo que nos demuestra
la existencia de semejante ser
siempre incomprendido.