Venía yo de tantos recuerdos
esta triste tarde de invierno.
De cuando era joven
con plumero de alabastro
tendido en mil errores ya olvidados
y de aquellos intentos
de ser todo al mismo tiempo.
Venía yo de aquel yo mismo
como si fuera un mensajero
que algo perdió
en posadas lejanas
y debe volver siempre
va adelante y atrás
en un viaje infinito.
Así van esos dos seres
el que fue y el que es
parapetado uno tras otro
embebidos en esta sombra
que dicen es uno mismo.
2 comentarios:
Como te dije en otro comentario, me gustó especialmente este poema. Al hilo de él, se me ocurre que "yo" es una palabra muy corta, demasiado escueta y monosilábica para nombrar a tanta, y tan cambiante, muchedumbre.
efectivamente
somos una muchedumbre
gracias
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