Recuerdo
cuando era niño
que lanzábamos prendas
en el aire oscuro de la noche
tras las humedades barrocas
de un castillo de ensueño.
A veces
en las mejores suertes
atrapábamos murciélagos misteriosos
y los torturábamos ausentes
con la sorpresa de nuestras miradas.
La realidad es así
espacios opacos que se golpean
luces que se derraman imperiosas
abrazando techos de sombras
y un tiempo insólito
ficción de la memoria.
Y mucho más,
murciélagos libres
en medio de la creación
más inconsciente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario