En los desiertos
la luz es inmensa
visitante no deseable
de las sombras de la memoria.
Pareciese
que crece y se reproduce
por el calor agobiante
en una mitosis creciente.
El cuerpo
se hace un recuerdo vago
del movimiento
y el cerebro se acelera
en tormentos de sueños.
Nacen iluminados
profetas y ermitaños
de perfil de palo
y raramente
algunos dioses mal alimentados.
Los túneles de la luz
no son habitables.
Sólo una procesión de espejos
los transita permanentemente,
poetas sin rumbo
ni deseo aparente.
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