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En las postrimerías de uno mismo
se puede encontrar
el sueño interminable
del viajero del tiempo
el empeño indeseado de la palabra
en estos inútiles artefactos
o el arribo incruento
de un barco de sueños
a este puerto recién reparado
sin aranceles ni encomiendas
de los besos de una mujer.
Aceras y fachadas
del mobiliario desconocido
de lo que dicen que soy.
Si quisiéramos encontrar
los huesos del cántaro
la bofetada del viento
o el mesiánico aleteo del amor
cruzaríamos esquinas indefinidas
y rostros desconocidos
en este película sin estreno
que inventamos a toda hora.
Nada hay ni perdura
más allá del suspiro ingobernable
de la creación.
Nos empuja suavemente
con la fuerza de la tormenta
el amor del tumulto
o la confianza del guía
en sus paseos de etiqueta.
Si un día no está
todo puede acabar
en el urinario triste y mediático
de un sanatorio mental
o en el tacto eterno
de una tierra enriquecida
con sales de olvido.
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