Cada día
me asomo yo
por las ventanas de mi cuerpo
a ver el mundo.
Y cada día
me asombro también
de los fragmentos dispersos
del sufrimiento
de la trama encubierta
de unos poccos
y del deseo suspenso
de otros muchos
de cambiarlo todo.
Me vuelvo de nuevo
a la fibra amarilla
de mi mismo
a la órbita oscura
de mi consciencia.
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