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jueves, 2 de abril de 2009

Las miradas del deseo


Las miradas del deseo
rebotan en las vitrinas transparentes
de los hipermercados descomunales.

Sin medida alguna
sin el baño suave del horizonte
o el sabor calcáreo del viento
todo se precipita sin ayuda
al rapto fugaz del sexo.

El amor
ese pergamino suspendido
en el soporte del vacío dominante
último viajero escrito
de un mundo comprensible
se vende ya en los mercados
se puja en los prostíbulos
y se hunde lacerado
en los museos de cera,
desnudo y dispuesto
ante la moneda corriente.

Si ya nada
está libre de impuestos
el deseo con etiqueta
el sexo encerrado
y el amor comprado
es hora de irnos
por los senderos irrefutables
del olvido.

No debiéramos haber llegado

domingo, 22 de febrero de 2009

Coito




Voy a entrar
en tu cuerpo
una vez más.

No te muevas
quédate quieta
en este amor sin olas
en que nos hemos convertido,
en este haber primitivo
en el que siempre nos encontramos.

Déjame fluirte
canoa de mi mismo
sin rumbo ni agonía
esperanza primaria
de un hombre solitario
para la multitud de una especie,
trazo acabado
de la vida ya ungida
en el sueño venidero

Ya fue
fui tuyo otra vez.
nada se ha quebrado
en el dormitorio oscuro
sólo un placer permanece abierto
en el diván de la memoria

martes, 10 de febrero de 2009

Sexo en bruto


El sexo
tiene algo de vergüenza sostenida
entre los cuerpos todavía calientes
del primer momento.

Ese trance
de lanzar las ropas
como se lanzan los armarios
y las cacerolas
y las letras del banco
por la ventana minúscula
de la desesperación
ante el desahucio anunciado,
tan siempre inesperado
como la propia muerte,
no es cualquier cosa.

Tal vez
el sexo siempre galopante
sea un desahucio de uno mismo.
Quitarse la ropa
y mostrar oquedades misteriosas
o pedículos lacrimantes
no es cualquier cosa.

El sexo
no tiene paso ni medida
y en su marcha horizontal
arrolla el tiempo
viene de algo primitivo
y a ello mismo va sin nosotros saberlo

No.
Ese jadeo
no es cualquier cosa